Sector atunero en Colombia: un modelo integral de sostenibilidad y desarrollo

Coordinadora de Sostenibilidad

Analdex

El sector atunero se consolida como una de las actividades pesqueras más relevantes a nivel global, tanto por su contribución a la seguridad alimentaria como por su peso en el comercio internacional. Su importancia trasciende el ámbito productivo, al constituirse en una fuente significativa de proteína y en un motor económico para múltiples países, particularmente en desarrollo.

A nivel mundial, el atún se posiciona entre los productos pesqueros más comercializados, con una producción que supera los 7 millones de toneladas anuales. Esta dinámica responde principalmente a la operación de flotas industriales que participan en pesquerías altamente organizadas, caracterizadas por la cooperación internacional y el uso de herramientas científicas para la gestión del recurso.

Este nivel de producción refleja no solo la importancia económica del recurso, sino también su papel estratégico dentro de las cadenas globales de suministro de alimentos. En este contexto, la relevancia económica del atún ha impulsado la consolidación de marcos institucionales robustos, orientados a garantizar la sostenibilidad de las poblaciones y la estabilidad de la actividad en el largo plazo. La pesca de atún opera bajo sistemas avanzados de regulación, monitoreo y evaluación, que permiten equilibrar la explotación del recurso con la conservación de los ecosistemas marinos.

Gobernanza internacional: ventaja estructural del sector

Uno de los principales diferenciales del sector atunero frente a otras actividades extractivas radica en su sólido esquema de gobernanza internacional. A diferencia de otros recursos, el atún es una especie altamente migratoria, cuya captura se realiza en gran medida en aguas internacionales, lo que hace indispensable la cooperación entre países para su manejo. En este contexto, la gestión de estas pesquerías se estructura a través de organizaciones regionales de ordenamiento pesquero, las cuales definen medidas obligatorias de manejo, monitoreo y control sustentadas en la mejor información científica disponible, garantizando un uso responsable del recurso.

En el caso del Pacífico oriental tropical, la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), Organización Regional de Ordenamiento Pesquero (OROP) a la que pertenece Colombia, desempeña un rol central en la evaluación y administración de especies clave como el atún aleta amarilla (yellowfin tuna), patudo (bigeye tuna) y barrilete (skipjack tuna). Esta organización está conformada por países ribereños y flotas que operan en la región, incluyendo, entre otros, a Colombia, Ecuador, Perú, México, Estados Unidos, China y miembros de la Unión Europea. A través de este organismo se implementan instrumentos como vedas temporales, límites operativos y controles al esfuerzo pesquero, los cuales permiten regular la actividad y asegurar la sostenibilidad de las poblaciones.

Este sistema se complementa con herramientas de monitoreo permanente, como el seguimiento satelital de embarcaciones y los programas de observadores científicos a bordo, lo que fortalece la trazabilidad de la actividad y la transparencia en la cadena de valor. Asimismo, permite verificar de manera continua el cumplimiento de las medidas de ordenación establecidas por las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero, tales como vedas temporales, límites de captura y regulaciones sobre el esfuerzo pesquero, garantizando que la operación se mantenga dentro de los parámetros definidos para la sostenibilidad del recurso.

Instrumentos de manejo: sostenibilidad basada en evidencia

La sostenibilidad del sector atunero se fundamenta en la implementación de instrumentos técnicos que regulan de manera integral la actividad productiva, combinando control operativo, monitoreo permanente y generación de información científica. Entre estos se destacan las vedas temporales, el control del esfuerzo pesquero y los sistemas de seguimiento, como el monitoreo satelital de embarcaciones y los programas de observadores científicos a bordo, los cuales permiten fortalecer la toma de decisiones basada en la mejor información científica disponible.

Este enfoque se sustenta en el trabajo técnico de las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero. En el caso de la CIAT, la generación y análisis de información científica está a cargo de un equipo técnico especializado que hace parte de su Secretaría, así como de un Comité Científico Asesor conformado por expertos de los países miembros. Estos cuerpos técnicos evalúan de manera permanente variables como capturas, esfuerzo pesquero y dinámica poblacional, proporcionando el soporte técnico para la definición y ajuste de las medidas de manejo.

Este conjunto de herramientas no solo cumple una función regulatoria, sino que también constituye la base para la trazabilidad de la cadena de valor. En particular, el uso de sistemas de localización satelital de embarcaciones se ha consolidado como un estándar internacional que permite monitorear en tiempo real la actividad pesquera, verificar zonas de operación y asegurar el cumplimiento de las regulaciones, fortaleciendo la transparencia del sector y la confianza en los mercados (FAO, 2026).

En el caso colombiano, estas prácticas ya se encuentran incorporadas en la operación de la flota atunera que participa en el Pacífico oriental tropical, la cual cumple con sistemas de monitoreo satelital, programas de observadores y vedas definidas por organismos internacionales. De manera complementaria, entidades como la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP) y la Dirección General Marítima (DIMAR) fortalecen el control, la supervisión y la trazabilidad de la actividad, contribuyendo a la alineación del país con los estándares globales del sector.

Enfoque científico y manejo adaptativo

El sector atunero incorpora de manera estructural la evidencia científica en la toma de decisiones. Las evaluaciones periódicas realizadas por los cuerpos técnicos de las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero permiten analizar variables como capturas, esfuerzo pesquero y dinámica poblacional, con el fin de ajustar las medidas de manejo de manera continua y garantizar la sostenibilidad de los stocks.

En el caso del Pacífico oriental tropical, la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), a través de su equipo científico y su Comité Científico Asesor, realiza evaluaciones periódicas que sirven de base para la toma de decisiones por parte de los países miembros. Este proceso permite ajustar medidas como vedas, límites operativos y controles al esfuerzo pesquero en función de la mejor información científica disponible, reflejando un sistema de gestión adaptativo y dinámico.

Este enfoque se complementa con la participación activa de los países y de la industria en el cumplimiento de las medidas adoptadas, así como con la implementación de sistemas de monitoreo y control que garantizan la calidad y consistencia de la información utilizada en la toma de decisiones.

De igual forma, estándares internacionales como los promovidos por el Marine Stewardship Council (MSC) refuerzan este enfoque, al exigir que las pesquerías certificadas demuestren un manejo basado en evidencia científica y sistemas de monitoreo efectivos. En conjunto, estos elementos consolidan al sector atunero como un referente en gobernanza basada en ciencia, capaz de equilibrar sostenibilidad ambiental, estabilidad productiva y acceso a mercados internacionales.

Casos de éxito en la industria atunera colombiana: valor agregado y sostenibilidad

La industria atunera colombiana ha avanzado hacia la consolidación de un modelo productivo que integra sostenibilidad, valor agregado y responsabilidad social, alineado con las exigencias de los mercados internacionales y con los estándares globales del sector. Este desarrollo responde a una dinámica empresarial articulada en la que participan compañías como Seatech International, a través de su marca Van Camp’s, y Gralco, vinculada al grupo Tri Marine, que en conjunto reflejan el fortalecimiento de la cadena de valor del atún en el país.

En este contexto, Seatech International, a través de su marca Van Camp’s, ha consolidado un modelo de integración productiva que combina captura, procesamiento y comercialización, bajo estrictos estándares sanitarios y de calidad, incluyendo sistemas HACCP, certificaciones ISO y supervisión permanente de autoridades como INVIMA y AUNAP, además de sistemas de trazabilidad que permiten identificar el origen de las capturas, buques y zonas de pesca.

La compañía cuenta con más de 1.800 colaboradores, de los cuales más de 1.000 son mujeres, lo que la posiciona como uno de los principales generadores de empleo formal y femenino en la ciudad de Cartagena. Este impacto social se articula con una operación industrial de alto nivel ubicada en la Zona Franca de Cartagena, donde se realiza el procesamiento, envasado y comercialización del producto, fortaleciendo la competitividad de la empresa y su inserción en mercados internacionales.

La planta de procesamiento alcanza volúmenes cercanos a las 45.000 toneladas anuales, consolidándose como una de las principales instalaciones de procesamiento de atún en la región. Este nivel de operación refleja la capacidad de la industria nacional para transformar el recurso dentro del país, capturando mayor valor agregado en la cadena productiva y contribuyendo a la generación de empleo, divisas y desarrollo industrial.

El modelo productivo se basa en la articulación con armadores atuneros que operan en el Pacífico oriental tropical bajo el marco regulatorio internacional, lo que permite integrar la captura responsable del recurso con su transformación industrial en Colombia. De esta manera, Seatech participa activamente en cadenas globales de valor, exportando sus productos a mercados en América y Europa y posicionando al país como un proveedor confiable de productos pesqueros con valor agregado.

Adicionalmente, la operación incorpora prácticas orientadas al aprovechamiento integral del recurso y la reducción de impactos ambientales. En particular, los subproductos del atún son transformados en harina y aceite de pescado, mientras que los procesos industriales incluyen sistemas de tratamiento de aguas, manejo de residuos y reciclaje de materiales como el acero utilizado en envases, el cual es 100% reciclable y permite su reincorporación continua en nuevos ciclos productivos. Este enfoque permite avanzar hacia modelos de economía circular, optimizando el uso del recurso y reduciendo la huella ambiental de la actividad.

Por otro lado, encontramos a Gralco, como parte del grupo Tri Marine, desempeña un papel relevante en la cadena productiva mediante la adopción de estándares internacionales de sostenibilidad y responsabilidad social empresarial, consolidando su posicionamiento como un actor alineado con las exigencias actuales del comercio internacional. La compañía no solo implementa códigos de conducta orientados a garantizar condiciones laborales adecuadas, sino que también promueve activamente su cumplimiento a lo largo de su red de proveedores, fortaleciendo la trazabilidad social y la incorporación de criterios ESG, los cuales se han convertido en un elemento determinante para el acceso y permanencia en mercados de alto valor.

En línea con estas prácticas, Gralco opera bajo estrictos estándares sanitarios y de calidad, incluyendo sistemas HACCP, certificaciones ISO y esquemas de supervisión permanente por parte de autoridades competentes, lo que asegura la inocuidad del producto y el cumplimiento de los requisitos regulatorios internacionales. Este enfoque integral le permite acceder a mercados exigentes como la Unión Europea, el Reino Unido y los Estados Unidos, al tiempo que abastece el mercado nacional con marcas consolidadas, contribuyendo tanto a la seguridad alimentaria como a la generación de valor agregado en el país.

Adicionalmente, la compañía participa en iniciativas internacionales como la International Seafood Sustainability Foundation (ISSF), lo cual refuerza su compromiso con la sostenibilidad del recurso atunero. En este mismo sentido, su operación se encuentra alineada con estándares internacionales ampliamente reconocidos en la industria, como los promovidos por el Marine Stewardship Council (MSC), los cuales se estructuran sobre tres principios fundamentales: la pesca debe realizarse a niveles que permitan la continuidad de las poblaciones de peces, debe minimizarse el impacto ambiental sobre los ecosistemas marinos y debe garantizarse una gestión eficaz, transparente y basada en evidencia científica. Si bien estos principios no corresponden a una formulación propia de la compañía, su adopción a través de esquemas de monitoreo, trazabilidad y cumplimiento normativo evidencia una convergencia con las mejores prácticas globales.

Este tipo de participación e implementación de estándares constituye un ejemplo representativo de articulación entre el sector privado, las autoridades regulatorias y organizaciones no gubernamentales, orientado a garantizar la conservación de las especies, la transparencia en la cadena de suministro y la mejora continua de las prácticas pesqueras.

En el ámbito social, Gralco ha desarrollado iniciativas de impacto en comunidades vulnerables, incluyendo la provisión de alimentos en articulación con trece organizaciones benéficas, así como el programa “Fortalécete Mujer”, enfocado en fortalecer habilidades, autonomía económica y capacidad de decisión de sus trabajadoras. Estas acciones reflejan una visión empresarial que trasciende la dimensión productiva, incorporando el desarrollo social como un eje estratégico.

En conjunto, estas prácticas permiten evidenciar que la industria atunera colombiana, representada por casos como el de Gralco, ha logrado avanzar hacia un modelo integral que combina eficiencia productiva, cumplimiento normativo, sostenibilidad ambiental y responsabilidad social. Este enfoque no solo fortalece su competitividad, sino que también posiciona al sector como un actor con alto potencial en el comercio internacional de alimentos, especialmente en un contexto donde los estándares de sostenibilidad y trazabilidad son cada vez más determinantes en las decisiones de compra a nivel global.

Conclusiones

El sector atunero como activo estratégico de país

El sector atunero colombiano no debe entenderse únicamente como una actividad productiva, sino como un activo estratégico dentro de la inserción del país en la economía global. Su operación bajo estándares internacionales de gobernanza, basados en ciencia y cooperación entre Estados, le permite participar en mercados altamente exigentes, donde el cumplimiento normativo se convierte en una ventaja competitiva.

En un contexto internacional en el que la trazabilidad, la sostenibilidad y el origen de los productos son cada vez más relevantes, la industria atunera colombiana cuenta con condiciones estructurales favorables para posicionarse como un proveedor confiable de alimentos con valor agregado. La combinación de captura regulada internacionalmente, procesamiento industrial en el país y cumplimiento de estándares ambientales y sociales permite fortalecer la presencia de Colombia en cadenas globales de valor.

Adicionalmente, el sector contribuye de manera significativa a la generación de empleo formal, particularmente femenino, al desarrollo industrial en regiones estratégicas como Cartagena y a la generación de divisas a través de exportaciones. Este conjunto de factores posiciona al sector como un ejemplo de cómo es posible articular sostenibilidad ambiental, competitividad económica y desarrollo social.

En este sentido, el fortalecimiento del sector atunero representa una oportunidad para avanzar en una agenda de diversificación productiva, sofisticación industrial y aprovechamiento responsable de los recursos marinos, en línea con las tendencias globales de sostenibilidad y seguridad alimentaria.

Bibliografía

FAO. (2026). Localizador de Embarcaciones Pesqueras de la FAO (FVF). Obtenido de https://www.fao.org/fishery/en/collection/fvf/en

Marine Stewardship Council (MSC). (2023). Global impacts report.