Del riesgo ambiental al impacto económico: Desafíos para el comercio internacional

Coordinadora de Sostenibilidad

ANALDEX

Introducción

En la actualidad, la economía mundial se desenvuelve en un entorno de cambios profundos
y acelerados, caracterizado por el avance tecnológico, las tensiones geopolíticas y la
reconfiguración de las cadenas globales de valor, lo que ha incrementado los desafíos
asociados a la resiliencia de los distintos actores. En este escenario, los países, las empresas
y los sistemas productivos enfrentan desafíos que trascienden los ciclos económicos
tradicionales y obligan a incorporar nuevos factores estructurales en el análisis económico.
Entre estos, los riesgos ambientales han adquirido una relevancia creciente y hoy se
consolidan como uno de los principales condicionantes del desempeño y desarrollo
económico a escala global.

Lejos de limitarse al ámbito ambiental, los riesgos ambientales en el comercio internacional se han convertido en un factor estructural que condiciona el desempeño económico global, la logística y la competitividad de las cadenas productivas. Estos riesgos se han integrado de manera transversal al funcionamiento del sistema económico. El cambio climático, la mayor frecuencia de eventos extremos y la presión sobre recursos naturales estratégicos afectan la producción, la logística, la infraestructura y la disponibilidad de insumos clave, convirtiéndose en un desafío central para la estabilidad macroeconómica, la competitividad, la resiliencia de las economías y el desempeño del comercio internacional. En este contexto, comprender la dimensión económica de los riesgos ambientales resulta fundamental para analizar el comportamiento del comercio internacional y anticipar disrupciones en los flujos productivos y logísticos.

Cambio climático: Variable estructural del desempeño económico global

El desempeño climático registrado el último año genera una alerta, de acuerdo con National
Oceanic and Atmospheric Administration, 2025 fue el tercer año más cálido desde 1850, con
una temperatura media global de superficie (tierra y océano) 1,17°C por encima del
promedio del siglo XX, y con los diez años más cálidos concentrados desde 2015, lo que
confirma que la economía global opera hoy bajo un régimen climático persistentemente
más cálido. Esta tendencia deja de ser un fenómeno coyuntural y se convierte en una
condición estructural que incide directamente sobre la oferta y la productividad de las
cadenas de valor (NOAA, 2025).

Ilustración 1. Anomalías de la temperatura promedio global de la tierra y los océanos


Fuente:  NOAA

Desde una perspectiva macroeconómica, el aumento sostenido de la temperatura global
incrementa la frecuencia e intensidad de sequías, inundaciones y tormentas severas,
generando efectos adversos sobre la oferta que reducen rendimientos productivos y elevan
costos operativos. La Organización Meteorológica Mundial proyecta que entre 2025 y 2029
la temperatura media anual se ubique entre 1,2°C y 1,9°C por encima de los niveles
preindustriales, con una probabilidad del 80% de que al menos uno de esos años supere el
récord histórico de temperatura (OMM, 2025). Este escenario profundiza los desafíos
asociados a la sostenibilidad ambiental del crecimiento económico, al evidenciar los límites
físicos y ecológicos bajo los cuales operan los sistemas productivos.

Riesgos ambientales y su impacto en el comercio exterior

El World Economic Forum, a través de su informe The Global Risks Report 2026, confirma la
creciente relevancia de los riesgos ambientales. Resaltando que, si bien en el corto plazo
otras preocupaciones han ganado espacio en la agenda global, en el largo plazo los riesgos
asociados al clima siguen siendo los más críticos, encabezados por los eventos climáticos
extremos. Este diagnóstico refuerza la idea de que el cambio climático constituye un
elemento estructural del entorno macroeconómico, capaz de amplificar desequilibrios y afectar de manera sostenida el crecimiento económico y los flujos de comercio
internacional.

Ilustración 2. Riesgos globales

Uno de los principales canales de transmisión de estos riesgos hacia la economía real es su
impacto sobre las cadenas logísticas y de suministro. Los eventos climáticos extremos
incrementan la probabilidad de interrupciones en corredores estratégicos de transporte
terrestre, fluvial y marítimo, afectando la confiabilidad, los tiempos de entrega y los costos
del comercio internacional. Un ejemplo representativo fue la sequía del Canal de Panamá
en 2023–2024, cuando los bajos niveles de agua obligaron a reducir en aproximadamente
un tercio el número de buques en tránsito, generando congestión logística, encarecimiento
de fletes y reconfiguración de rutas comerciales (WEF, 2026).


La infraestructura portuaria constituye otro punto de alta vulnerabilidad. El aumento del
nivel del mar, la mayor intensidad de tormentas y la recurrencia de inundaciones elevan el
riesgo de daños físicos en puertos, terminales marítimas y accesos logísticos,
incrementando los costos de operación, mantenimiento y aseguramiento, con impactos
directos sobre el comercio exterior, la industria y el abastecimiento interno.


Adicionalmente, los efectos del cambio climático no se limitan al exceso de agua, sino que
también se manifiestan a través de la profundización de los déficits hídricos, los cuales se
consolidan como un factor estructural que conecta el riesgo climático con la producción y la logística. Las sequías prolongadas reducen la disponibilidad de agua para riego agrícola,
procesos industriales y generación hidroeléctrica, afectando el funcionamiento de las
cadenas productivas. El World Economic Forum, a través de su reporte, advierte que el
estrés hídrico ya ha derivado en situaciones de emergencia en diversas regiones,
evidenciando cómo la escasez de agua puede escalar rápidamente hacia un riesgo
macroeconómico, social y productivo (WEF, 2026).


En economías con alta dependencia del recurso hídrico, este contexto comienza a traducirse
en restricciones a la producción, menor oferta de bienes, incrementos en los costos y una
mayor vulnerabilidad de las cadenas productivas y comerciales, reforzando el carácter
sistémico del cambio climático sobre el desempeño económico y el comercio exterior.
En 2023, Montevideo enfrentó una crisis hídrica extrema debido a una sequía prolongada
que provocó que los dos embalses principales que suministran agua a la ciudad se agotaran
casi por completo. Esta situación crítica derivó en la declaración de un estado de emergencia
en junio de ese año y desencadenó una serie de protestas sociales, evidenciando cómo los
riesgos ambientales de evolución lenta pueden comprometer la infraestructura básica y la
estabilidad social de una región.


Este episodio ha sido utilizado por el The Global Risks Report 2026 del World Economic
Forum como un ejemplo del riesgo de los denominados “activos varados”, al mostrar cómo
infraestructuras clave, como los sistemas de abastecimiento de agua y las plantas
hidroeléctricas, pueden perder funcionalidad o valor económico frente a sequías cada vez
más frecuentes e intensas (WEF, 2026).

Adaptación y resiliencia: claves para la competitividad empresarial


Las empresas se enfrentan a un entorno internacional exigente, en el que la sostenibilidad,
la gestión del riesgo y la innovación definen la competitividad y permanencia en el mercado.
Los recientes análisis The Global Risks Report 2026 evidencian que la exposición del sector
privado a riesgos ambientales, económicos y tecnológicos se ha intensificado, y que solo las
organizaciones con capacidad de anticipación, adaptación y cooperación podrán mantener
su posición en los mercados globales (WEF, 2026). Para el sector exportador colombiano
implica incorporar la sostenibilidad ambiental, la resiliencia financiera y la gobernanza
tecnológica como pilares de su estrategia empresarial.


En materia ambiental, la acción debe ser inmediata. Las empresas tienen que avanzar hacia
la producción baja en carbono, con procesos eficientes y trazables. Esto supone medir y reducir su huella de carbono, optimizar el uso del agua y la energía, implementar prácticas
de economía circular y garantizar la sostenibilidad de sus cadenas de suministro. Tales
medidas no solo mitigan impactos, sino que también aseguran el acceso a mercados con
altos estándares ambientales, como lo es la Unión Europea con su Mecanismo de Ajuste en
Frontera por Carbono (CBAM).


Desde la perspectiva económica y financiera, las empresas deben reforzar su capacidad de
respuesta ante escenarios volátiles, desarrollando estrategias de liquidez, diversificación de
destinos y gestión de deuda. La volatilidad cambiaria, las presiones inflacionarias y el
encarecimiento del crédito internacional obligan a implementar sistemas de análisis de
riesgo macroeconómico y coberturas financieras. Asimismo, el fortalecimiento de las
alianzas logísticas y comerciales regionales puede mitigar los efectos de disrupciones
globales en las cadenas de suministro.


La infraestructura es otro frente crítico. Los eventos climáticos extremos continúan
afectando puertos, vías y sistemas energéticos, lo que demanda que el sector privado
participe activamente en el desarrollo de infraestructura resiliente y sostenible. Invertir en
infraestructura verde, mejorar la logística multimodal y promover soluciones basadas en la
naturaleza fortalecerá la continuidad operativa y la competitividad exportadora del país.
Por su parte, la gobernanza corporativa debe incorporar la sostenibilidad como eje
transversal. Las juntas directivas y comités de riesgo deben definir objetivos ambientales y
sociales medibles, alinear incentivos internos con metas de sostenibilidad y reportar de
manera transparente su desempeño bajo estándares internacionales (GRI, TCFD o ISSB).
Este enfoque no solo reduce la exposición a sanciones o barreras regulatorias, sino que
mejora el acceso a financiamiento verde y genera confianza entre inversionistas y socios
internacionales.


Finalmente, el trabajo multisectorial es una herramienta relevante para el fortalecimiento
empresarial. La articulación con gremios, universidades y entidades públicas es esencial
para generar conocimiento técnico, desarrollar innovación ambiental y tecnológica. Solo
mediante una acción coordinada entre el sector privado e institucional será posible
consolidar una competitividad climáticamente responsable, capaz de sostener el
crecimiento del comercio exterior colombiano en un escenario global más complejo e
interdependiente.

Conclusiones


El análisis de los riesgos globales demuestra que la sostenibilidad se ha convertido en un
factor decisivo para la estabilidad y resiliencia de las economías y las sociedades. Más allá
de las coyunturas económicas o geopolíticas del momento, el desarrollo sostenible se
consolida como el eje estructural sobre el cual se define la capacidad de adaptación de los
sistemas productivos y económicos. Aunque en el corto plazo la atención internacional se
concentre en tensiones geoeconómicas, inflación o desaceleración del crecimiento, los
riesgos ambientales continúan acumulándose de manera silenciosa, configurando impactos
de largo plazo que pueden resultar irreversibles si no se abordan de forma estructural.


En este contexto, la información analizada es clara: mientras los riesgos climáticos y de
biodiversidad pierden visibilidad en la agenda inmediata, resurgen con mayor severidad en
el horizonte de la próxima década, evidenciando la dificultad de los tomadores de decisión
para integrar la urgencia ambiental en entornos dominados por presiones coyunturales. Esta
desconexión se ve agravada por la estrecha interrelación entre sostenibilidad, inflación,
fragmentación geopolítica, desaceleración económica y disrupción tecnológica, así como
por la falta de cooperación internacional, que amplifica la vulnerabilidad de las cadenas de
suministro, la infraestructura, los sistemas productivos y el comercio exterior.


En este escenario, la sostenibilidad debe entenderse como un pilar estratégico y un seguro
frente a la volatilidad económica y geopolítica, más que como un costo o una obligación
regulatoria. Ignorar los riesgos ambientales en el corto plazo equivale a poner en juego la
estabilidad futura, comprometiendo la competitividad, seguridad productiva y el bienestar
social. El desafío es claro, debemos orientar la conversación hacia una mayor cooperación
internacional, una inversión decidida en resiliencia climática y una gobernanza responsable
de la tecnología, de modo que la innovación y la transición productiva se desarrollen bajo
marcos colaborativos y sostenibles.

Bibliografía


– NOAA. (2025). https://www.ncei.noaa.gov/. Obtenido de
https://www.ncei.noaa.gov/access/monitoring/monthly-report/global/202513
– OMM. (2025). https://wmo.int/es. Obtenido de https://wmo.int/es/media/news/las
predicciones-climaticas-mundiales-indican-temperaturas-en-niveles-sin
precedentes-o
cercanas#:~:text=Hay%20una%20probabilidad%20del%2080,subida%20del%20niv
el%20del%20mar.
– WEF. (2026). The Global Risk Report. https://analdex.org/wp
content/uploads/2026/01/WEF_Global_Risks_Report_2026.pdf

Elaboró: María José Mora

Revisó:  Giovanni Andrés Gómez